lunes, 10 de octubre de 2011

Nuestra Señora de las Cañerías.

El presidente Georges Pompidou, amante de las artes, fue quien impulsó en 1970 la idea de crear un lugar en el antiguo Beaubourg que permitiera reunir las artes contemporáneas, y para ello abrió un concurso internacional de arquitectura que, después de una selección entre 681 proyectos provenientes de 49 paises, dio el sí a la idea de Renzo Piano, Gianfranco Franchini (italianos) y Richard Rogers (inglés). El Centro Pompidou fue construido entre 1972 y 1977, siendo inaugurado por el presidente Giscard d’Estaing el 31 de enero de 1977. Grandes fueron las controversias en torno al aspecto del museo; los parisinos lo llamaban "la refinería de la ciudad" y hasta "Notre Dame de la Tuyauterie" (Nuestra Señora de la Cañería). Lo cierto es que el centro, que fuera previsto para 5000 visitas diarias recibió hasta 5 veces más, y desde su apertura pasaron por él 150 millones de visitantes.


Los comentarios que ha generado la construcción del Museo Nacional de Arquitectura cercano al nuevo circo de Caracas, recuerda  viejas polémicas motivadas por proyectos y construcciones en todas partes del mundo que con el correr de los años se han vuelto referenciales.

Un ejemplo muy cercano por la similitud de "estilo y uso"  con el edificio que nos ocupa es el museo Georges Pompidou de Paris, cuya polémica seguimos muchos siendo estudiantes y lo retome ahora  motivado por este peculiar edificio que dice ser un museo diseñado nada mas y nada menos que para proteger lo mejor de la arquitectura venezolana.

Del famoso museo parisino es importante mencionar dos aspectos fundamentales; primero que fue el producto de un concurso abierto que logró un numero importante de propuestas por parte de profesionales de todas partes del mundo, mucho de ellos muy destacados y lo cual habla del valor que le atribuyó el gobierno de turno a esa importante oportunidad de hacer ciudad, y  segundo que con esa convocatoria se enviaba una clara señal de democracia intelectual por parte de un país que consideró necesario escuchar la opinión de muchos dentro y fuera de sus fronteras. Inclusive el proyecto ganador es fruto de la suma de talentos de países distintos que juntaron sus esfuerzos.

Esta claro que el hecho de convocar un concurso de arquitectura en Venezuela no es garantía de que se construya, pero si es adecuadamente planteado y gerenciado generará un espacio para la concentración de intelecto en torno a un objetivo, pudiendo activar el interés del colectivo en sus fases iniciales, y lo cual es una combinación muy efectiva para llevar a feliz termino y con el apoyo necesario edificios que tendrán una larga y particular relación con la ciudad y sus ciudadanos.

Se puede hacer arquitectura tanto con un bloque de concreto como con uno de marmol de eso no hay duda, pero es imposible lograr un buen resultado sin un buen proyecto, y un buen proyecto necesita de los mejores talentos convocados por gobiernos que no pongan los intereses políticos por encima de su responsabilidad con unos electores-ciudadanos que necesitan edificios y espacios cuyas maniobras de articulación este en manos de profesionales que reconozcan que el pasado y el futuro son también materiales de construcción y que los hombres pasan pero las ciudades quedan como prueba de los consensos que quienes las habitan y construyen logran alcanzar.

En resumen creo que en este caso la polémica no se genera por ser un edificio avanzado para su tiempo, sino por ser otra oportunidad de hacer ciudad que estamos perdiendo ya que aunque dice ser un museo pareciera no tener mucho interés en responder a su uso, ni integrarse con su entorno, ni perdurar en el tiempo y mucho menos responder a los valores fundamentales de la arquitectura universal que aun se enseña en nuestras universidades.

Yo solo espero que sean muchos mas los que participen en esta cruzada que se inicia con la suma de opiniones constructivas en torno a un tema que debería preocuparnos a todos, de manera que se active y se mantenga en el tiempo un movimiento de opinión que podría estar canalizado por los colegios profesionales y las universidades, de manera que quienes asuman como profesionales encargos emblemáticos o especiales sepan de antemano que serán objeto del escrutinio de muchos, con lo cual la ciudad y sus ciudadanos evitarían tener que gastar esfuerzos y recursos en enderezar errores que quedan incrustados en el tejido urbano y social.

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