jueves, 10 de noviembre de 2011

MUSEO DE ARQUITECTURA, CARACAS


La humanidad ya tiene suficientes siglos sobre la faz de la tierra y ha alcanzado un nivel tal de comunicación como para que sigamos intentando hacer de las diferencias el eje de una conducta a seguir y mercadear la verdad de algunos como la única verdad.


Los avances de la civilización quedan registrados en sus ciudades y como ciudadanos tenemos que entender que hacer ciudad debe ser la preocupación de un colectivo motivado a participar y que luego de alcanzar un consenso pone en manos de algunos expertos la construcción para que al final la mayoría y no a unos pocos que ostentan el poder político en un momento dado sean los únicos que por su carga ideológica acepten como bueno de algo ha partido de la negación de los consensos y el menosprecio de una Caracas que a pesar de la indolencia no ha desaparecido.
Me parece poco profesional y pueril reducir el oficio del arquitecto a hacer lo contrario a lo que hacen quienes no piensan como yo y menospreciar el acompañamiento del ingeniero evitando que use su ingenio en la solución de situaciones novedosas de las cuales históricamente se han beneficiados los equipos que han colaborado en edificaciones innovadoras y la sociedad en general, lo cual le han sumado conocimiento al desarrollo humano y por lo tanto merecen ser tomadas en cuenta como hitos a conservar y mostrar.
La buena arquitectura es la que logra entender y dar respuesta a un momento y un lugar sin prejuicios y con una visión universal que no descuida las peculiaridades del entorno donde le tocara insertarse, mas aun cuando esa inserción coincide con un espacio donde existe una larga historia de planificación. Muchas arquitecturas inclusive han logrado activar ciudades completas poniendolas en el mapa mundial como destinos que merecen ser conocido y lo cual nos beneficia a todos como habitantes de un mismo planeta.
Las malas arquitecturas son doctrinarias y usan la ciudad como oportunidades de mostrar sus manifiestos y por ello cualquier consideración distinta a lo meramente político es secundario ya que mas que reconocer una historia y un entorno el objetivo es afectarlo para imponer (como sucede con el Museo de Arquitectura) esa “..actitud perturbadora...de la síntesis robinsoniana de inventar o errar..” y donde por lo visto no cabe actitudes conciliadoras como respetar y aprender.
El uso es una excusa que justifica la inserción en un momento dado de una pieza en la ciudad entendida como organismo vivo que crecen con los ciudadanos a partir de un ensamblaje de vacíos y llenos que responden a ciertos códigos universalmente aceptados como buenos y cuyo fin ultimo es construir un lugar para la convivencia y no para el adoctrinamiento. Si uno de los fines de este edificio (que dice ser un museo) era la participación ha desperdiciado en la fase inicial de su concepción la posibilidad de nutrirse del valioso aporte que suele lograrse al convocar todos los talentos locales y hasta foráneos que democráticamente deberían participar cuando se trata de edificaciones y espacios urbanos significativos.
 Si uno de los fines de esta edificación era sumarle valor a Caracas y a la arquitectura de Venezuela creo que no lo ha logrado por que ha diferencia de otros edificios que supieron motivar la creatividad en torno a lo estético y lo constructivo usando creativamente materiales sin regodearse demasiado en el valor que pudiese tener su peso o espesor, quienes firman este manifiesto-edificio se jactan de haberlo logrado justificando la maniobra con argumentos como:“..el Museo de Arquitectura refuerza poderosamente el carácter casi de adorno urbano y la memoria de la pequeña escala de una Caracas desaparecida..”  donde queda muy claro ese afán de negar la historia y menospreciar el esfuerzo sincero de otros como condición indispensable para imponer una verdad, que declaraciones como “..el Museo de Arquitectura.....es una bandeja donde los demás puedan presentar sus manjares...y puedan apreciar lo que en la historia se ha hecho y aprender de ello..” termina convirtiendola en un burdo y muy poco austero disfraz.








lunes, 10 de octubre de 2011

Nuestra Señora de las Cañerías.

El presidente Georges Pompidou, amante de las artes, fue quien impulsó en 1970 la idea de crear un lugar en el antiguo Beaubourg que permitiera reunir las artes contemporáneas, y para ello abrió un concurso internacional de arquitectura que, después de una selección entre 681 proyectos provenientes de 49 paises, dio el sí a la idea de Renzo Piano, Gianfranco Franchini (italianos) y Richard Rogers (inglés). El Centro Pompidou fue construido entre 1972 y 1977, siendo inaugurado por el presidente Giscard d’Estaing el 31 de enero de 1977. Grandes fueron las controversias en torno al aspecto del museo; los parisinos lo llamaban "la refinería de la ciudad" y hasta "Notre Dame de la Tuyauterie" (Nuestra Señora de la Cañería). Lo cierto es que el centro, que fuera previsto para 5000 visitas diarias recibió hasta 5 veces más, y desde su apertura pasaron por él 150 millones de visitantes.


Los comentarios que ha generado la construcción del Museo Nacional de Arquitectura cercano al nuevo circo de Caracas, recuerda  viejas polémicas motivadas por proyectos y construcciones en todas partes del mundo que con el correr de los años se han vuelto referenciales.

Un ejemplo muy cercano por la similitud de "estilo y uso"  con el edificio que nos ocupa es el museo Georges Pompidou de Paris, cuya polémica seguimos muchos siendo estudiantes y lo retome ahora  motivado por este peculiar edificio que dice ser un museo diseñado nada mas y nada menos que para proteger lo mejor de la arquitectura venezolana.

Del famoso museo parisino es importante mencionar dos aspectos fundamentales; primero que fue el producto de un concurso abierto que logró un numero importante de propuestas por parte de profesionales de todas partes del mundo, mucho de ellos muy destacados y lo cual habla del valor que le atribuyó el gobierno de turno a esa importante oportunidad de hacer ciudad, y  segundo que con esa convocatoria se enviaba una clara señal de democracia intelectual por parte de un país que consideró necesario escuchar la opinión de muchos dentro y fuera de sus fronteras. Inclusive el proyecto ganador es fruto de la suma de talentos de países distintos que juntaron sus esfuerzos.

Esta claro que el hecho de convocar un concurso de arquitectura en Venezuela no es garantía de que se construya, pero si es adecuadamente planteado y gerenciado generará un espacio para la concentración de intelecto en torno a un objetivo, pudiendo activar el interés del colectivo en sus fases iniciales, y lo cual es una combinación muy efectiva para llevar a feliz termino y con el apoyo necesario edificios que tendrán una larga y particular relación con la ciudad y sus ciudadanos.

Se puede hacer arquitectura tanto con un bloque de concreto como con uno de marmol de eso no hay duda, pero es imposible lograr un buen resultado sin un buen proyecto, y un buen proyecto necesita de los mejores talentos convocados por gobiernos que no pongan los intereses políticos por encima de su responsabilidad con unos electores-ciudadanos que necesitan edificios y espacios cuyas maniobras de articulación este en manos de profesionales que reconozcan que el pasado y el futuro son también materiales de construcción y que los hombres pasan pero las ciudades quedan como prueba de los consensos que quienes las habitan y construyen logran alcanzar.

En resumen creo que en este caso la polémica no se genera por ser un edificio avanzado para su tiempo, sino por ser otra oportunidad de hacer ciudad que estamos perdiendo ya que aunque dice ser un museo pareciera no tener mucho interés en responder a su uso, ni integrarse con su entorno, ni perdurar en el tiempo y mucho menos responder a los valores fundamentales de la arquitectura universal que aun se enseña en nuestras universidades.

Yo solo espero que sean muchos mas los que participen en esta cruzada que se inicia con la suma de opiniones constructivas en torno a un tema que debería preocuparnos a todos, de manera que se active y se mantenga en el tiempo un movimiento de opinión que podría estar canalizado por los colegios profesionales y las universidades, de manera que quienes asuman como profesionales encargos emblemáticos o especiales sepan de antemano que serán objeto del escrutinio de muchos, con lo cual la ciudad y sus ciudadanos evitarían tener que gastar esfuerzos y recursos en enderezar errores que quedan incrustados en el tejido urbano y social.