La humanidad ya tiene suficientes siglos sobre la faz de la tierra y ha alcanzado un nivel tal de comunicación como para que sigamos intentando hacer de las diferencias el eje de una conducta a seguir y mercadear la verdad de algunos como la única verdad.
Los avances de la civilización quedan registrados en sus ciudades y como ciudadanos tenemos que entender que hacer ciudad debe ser la preocupación de un colectivo motivado a participar y que luego de alcanzar un consenso pone en manos de algunos expertos la construcción para que al final la mayoría y no a unos pocos que ostentan el poder político en un momento dado sean los únicos que por su carga ideológica acepten como bueno de algo ha partido de la negación de los consensos y el menosprecio de una Caracas que a pesar de la indolencia no ha desaparecido.
Me parece poco profesional y pueril reducir el oficio del arquitecto a hacer lo contrario a lo que hacen quienes no piensan como yo y menospreciar el acompañamiento del ingeniero evitando que use su ingenio en la solución de situaciones novedosas de las cuales históricamente se han beneficiados los equipos que han colaborado en edificaciones innovadoras y la sociedad en general, lo cual le han sumado conocimiento al desarrollo humano y por lo tanto merecen ser tomadas en cuenta como hitos a conservar y mostrar.
La buena arquitectura es la que logra entender y dar respuesta a un momento y un lugar sin prejuicios y con una visión universal que no descuida las peculiaridades del entorno donde le tocara insertarse, mas aun cuando esa inserción coincide con un espacio donde existe una larga historia de planificación. Muchas arquitecturas inclusive han logrado activar ciudades completas poniendolas en el mapa mundial como destinos que merecen ser conocido y lo cual nos beneficia a todos como habitantes de un mismo planeta.
Las malas arquitecturas son doctrinarias y usan la ciudad como oportunidades de mostrar sus manifiestos y por ello cualquier consideración distinta a lo meramente político es secundario ya que mas que reconocer una historia y un entorno el objetivo es afectarlo para imponer (como sucede con el Museo de Arquitectura) esa “..actitud perturbadora...de la síntesis robinsoniana de inventar o errar..” y donde por lo visto no cabe actitudes conciliadoras como respetar y aprender.
El uso es una excusa que justifica la inserción en un momento dado de una pieza en la ciudad entendida como organismo vivo que crecen con los ciudadanos a partir de un ensamblaje de vacíos y llenos que responden a ciertos códigos universalmente aceptados como buenos y cuyo fin ultimo es construir un lugar para la convivencia y no para el adoctrinamiento. Si uno de los fines de este edificio (que dice ser un museo) era la participación ha desperdiciado en la fase inicial de su concepción la posibilidad de nutrirse del valioso aporte que suele lograrse al convocar todos los talentos locales y hasta foráneos que democráticamente deberían participar cuando se trata de edificaciones y espacios urbanos significativos.
Si uno de los fines de esta edificación era sumarle valor a Caracas y a la arquitectura de Venezuela creo que no lo ha logrado por que ha diferencia de otros edificios que supieron motivar la creatividad en torno a lo estético y lo constructivo usando creativamente materiales sin regodearse demasiado en el valor que pudiese tener su peso o espesor, quienes firman este manifiesto-edificio se jactan de haberlo logrado justificando la maniobra con argumentos como:“..el Museo de Arquitectura refuerza poderosamente el carácter casi de adorno urbano y la memoria de la pequeña escala de una Caracas desaparecida..” donde queda muy claro ese afán de negar la historia y menospreciar el esfuerzo sincero de otros como condición indispensable para imponer una verdad, que declaraciones como “..el Museo de Arquitectura.....es una bandeja donde los demás puedan presentar sus manjares...y puedan apreciar lo que en la historia se ha hecho y aprender de ello..” termina convirtiendola en un burdo y muy poco austero disfraz.
No se puede decir mas claro, espero tomemos conciencia con esto.
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ResponderEliminarSuscribo tus palabras Carlos. Posani, y su combo, no hacen sino justificar lo injustificable y la única que pierde con actitudes como esa es Caracas y los caraqueños. Menos mal que es tan débil tectónica como conceptualmente. Llegará el momento de derribarlo, como dijo Federico Vegas y retomar el hilo de nuestra herencia de la que el Nuevo Circo es pieza valiosa
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